Actividad física en personas mayores: clave para un envejecimiento saludable

“La actividad física regular ayuda a mejorar las funciones físicas y mentales, así como a revertir algunos efectos de las enfermedades crónicas para mantener a las personas mayores móviles e independientes”, estos son los resultados del estudio publicado en Biogerontology el 2 de marzo del 2016. 

Según este estudio realizado en Inglaterra, los estilos de vida sedentarios que predominan en la etapa de vejez provocan la aparición prematura de problemas de salud, enfermedades y fragilidad. La evidencia muestra que la actividad física regular es segura para las personas mayores sanas y frágiles, y los riesgos de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas importantes como la obesidad, tener caídas, deterioro cognitivo, osteoporosis y debilidad muscular disminuyen al llevar a cabo regularmente actividades que van desde caminar en baja intensidad hasta desarrollar deportes más vigorosos y ejercicios de resistencia con más fuerza. Sin embargo, la participación en actividades físicas sigue siendo baja entre los adultos mayores, particularmente aquellos que viven en zonas de bajos recursos económicos.

Actividad física regular para promover un envejecimiento saludable 

Fragilidad es el término médico del debilitamiento o experimentación de niveles más bajos de actividad o energía. Volverse frágil a medida que envejecemos aumenta nuestro riesgo de tener problemas de salud, caídas, discapacidad y otras afecciones graves (Sociedad Americana de Geriatría, 2020). 

En general, cuanto más una persona es físicamente activa, mejor es su capacidad física y en consecuencia su salud. Esto se debe a las adaptaciones de los sistemas fisiológicos, que son más notables dentro del sistema neuromuscular para coordinar los movimientos, el sistema cardiopulmonar para distribuir más eficazmente el oxígeno y los nutrientes en todo el cuerpo, así como los procesos metabólicos, particularmente aquellos que regulan el metabolismo de la glucosa y los ácidos grasos, los cuales colectivamente aumentan la actividad aeróbica general y la capacidad física. Por lo tanto, la trayectoria hacia la fragilidad se puede modificar directamente a través de los hábitos de actividad física (Departamento de Salud 2011 ; Salud 2009 ; Tak et al. 2013 citado en McPhee , J. et al. 2016 ).

Una encuesta de al menos 92,000 personas en Inglaterra mostró que el hacer ejercicio disminuye progresivamente a lo largo de la vida adulta y también lo hace el deseo de hacerlo (Departamento de Cultura 2011 citado en McPhee , J. et al. 2016 ). De hecho, sólo alrededor de la mitad de todos los adultos y sólo una cuarta parte de las personas mayores de 65 años cumplen con los niveles mínimos de actividad recomendados necesarios para mantener la salud (ibidem, 2016). La inactividad es la causa principal de un mal estado físico y promueve las enfermedades en la vejez, al menos impacta igual a los efectos del tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y la obesidad (Booth et al. 2000 ; Lee et al. 2012 citado en McPhee , J. et al. 2016 ). Las personas sedentarias de 50 años o más tenían el doble de riesgo de muerte en comparación con los que tenían el mayor nivel de actividad física después de ajustar por una serie de factores de riesgo (incluyendo la edad y socio-económico de posición) (Nazroo et al. 2008 citado en McPhee , J. et al. 2016 ).  Las personas de 80 años tienen más de un 50% menos de probabilidades de practicar deportes o de querer aumentar sus niveles de actividad.

En síntesis,  el envejecimiento aumenta los riesgos de volverse frágil. A medida de que la esperanza de vida aumenta,  viviremos más tiempo y es probable que la fragilidad plantee problemas de salud  más graves. Los expertos en geriatría (el campo de la atención médica centrado en la atención a adultos mayores) sugieren que mantener un estilo de vida saludable es de suma importancia para reducir las posibilidades de volverse frágil. En este sentido, es necesario que tanto las políticas como los programas de salud para las personas mayores estén orientados en promover estilos de vida saludables, ya que gran parte de los problemas a los que se enfrentan los sistemas de salud y las familias, tienen que ver con los altos costos que tienen las enfermedades crónicas y la dependencia. 

 

Fuentes:

McPhee , J.  et al. (2016). Physical activity in older age: perspectives for healthy ageing and frailty. en Biogerontology, 17: 567–580.  https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4889622/

Journal of the American Geriatrics Society. (2020). Regular physical activity can maintain or improve frailty. https://eurekalert.org/pub_releases/2020-06/ags-rpa061120.php 

No hay reseñas de “Actividad física en personas mayores: clave para un envejecimiento saludable”

Dejar una reseña

Tu dirección de correo electrónico no será publicada Required fields are marked *

*